Toma de decisiones: Riesgo asumido y riesgo percibido en entornos VUCA

Hoy se ha confirmado la muerte de dos expertos alpinistas, Tom Ballard y Daniele Nardi, en el espolón Mummery del Nanga Parbat. Al parecer, y según los expertos conocedores de la zona, el número de aludes que diariamente barren esa ruta la convierten en impracticable desde el punto de vista de la seguridad y de la voluntad de volver con vida de una ascensión. Este hecho no es una opinión, es un dato objetivo que cualquiera que esté capacitado para intentar dicha ascensión conoce previamente (ver noticia explicativa). El nivel y la experiencia de los dos alpinistas hoy fallecidos no era una excepción; sabían donde se metían. Sin embargo, un alud ha terminado con su vida en dicho espolón. ¿Por qué?

El otro día tuve ocasión de hablar con mi amigo Alberto Ayora, experto alpinista y también experto conocedor de la gestión de riesgos en las actividades en la naturaleza. Él me explicaba el protocolo de toma de decisiones que se debe seguir para minimizar los riesgos al realizar este tipo de actividades. En ese protocolo existe por un lado el conocido como RIESGO ASUMIDO o, dicho de otro modo, el riesgo intrínseco a la actividad y que no puede ser eliminado si ésta finalmente se realiza (ej. el riesgo de torcerte un tobillo haciendo una ruta senderista y las consecuencias que eso puede tener dependiendo de la época del año, la climatología, la dificultad de acceso a la ruta, etc...)

Toma de decisiones - riesgo asumido y riesgo percibido


Por otro lado está el RIESGO PERCIBIDO, que es aquel que quien toma la decisión es capaz de imaginar como posible en base a la información de la que dispone, su experiencia previa, su conocimiento y capacidad cognitiva, y otra serie de factores más o menos objetivos. Sin embargo, en ese cálculo aparece un factor que es intrínsecamente subjetivo: los sesgos mentales, aunque realmente yo los llamo SESGOS EMOCIONALES.

El protocolo indica que, si el riesgo percibido es menor o igual que el riesgo asumido, la actividad puede realizarse. De no ser así, deben estudiarse acciones correctivas que permitan reducir el riesgo percibido hasta que ambos al menos se igualen.

Riesgo percibido - Riesgo asumido ≈ 0


En el caso que nos ocupa, y a pesar de que los factores objetivos eran suficientes para disuadir a cualquiera de realizar dicha ascensión por esa ruta, el riesgo percibido final no fue correctamente calculado, fijándose muy por debajo de la realidad, como finalmente se demostró. Así, la necesidad emocional de conseguir destacar por haber realizado algo casi imposible sesgó emocionalmente el juicio de ambos alpinistas a la hora de tomar su decisión.

Este hecho es absolutamente real y todos lo hemos experimentado, y lo hemos observado en otros, en múltiples situaciones a lo largo de nuestra vida. Nace de una capacidad innata en el ser humano y que nos diferencia del resto de seres vivos:

la capacidad de actuar y reaccionar emocionalmente en base a realidades imaginadas, inventadas y, en ocasiones, completamente ficticias.

Tal y como comentába con unos amigos la otra noche, esa capacidad de imaginación humana tiene muchas ventajas, pero también algunos inconvenientes. Esa capacidad es la que nos ha permitido construir magníficas catedrales góticas, diseñar organizaciones y empresas, o alcanzar avances científicos increíbles. Pero es esa misma capacidad la que también nos puede costar la vida, como ha ocurrido en este y otros muchos casos.

Sin embargo, y esto es lo más importante, hay algo que sí podemos hacer para minimizar la parte más negativa de nuestra imaginación. Como toda capacidad humana, la imaginación y las respuestas emocionales que genera siguen unas reglas que definen su funcionamiento y tienen unos factores que caracterizan sus dinámicas. Conocerlos en profundidad y aprender a gestionarlos es el mejor seguro para mantener, dentro de un margen razonable, los sesgos emocionales que nos llevan a tomar decisiones no-optimas, o directamente erróneas, basadas en realidades inexistentes. No importa si esas decisiones afectan a nuestro desarrollo profesional, a nuestra vida afectiva o a nuestra integridad física; conocer esas reglas y gestionarlas adecuadamente nos permitirá hacer que la suerte siga siendo lo que debe ser, la sal en la ensalada de nuestra vida...

Mario Garcés