Entrevista a Mario Garcés

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Esta es la entrevista a nuestro CEO, Mario Garcés, en MAPFRE Global Risks. Especializada en análisis y cobertura de riesgos, es una de las principales empresas del sector asegurador. El artículo original está disponible en el siguiente link: PDF de la entrevista

La resiliencia es un término habitual de diversas disciplinas técnicas, pero desde hace un tiempo, se ha asentado en el vocabulario popular, especialmente desde que se inició la crisis del COVID-19, que ha cambiado la realidad colectiva de forma drástica. Mario Garcés, experto en el desarrollo de la resiliencia en corporaciones, nos da las claves para superar con éxito esta situación y nos recuerda que, de esta coyuntura, también se puede salir positivamente transformado.



“La resiliencia implica la capacidad de superar la adversidad, encontrando la forma de reinterpretarla, aprender de ella y extraer algo positivo”

Resiliencia, ¿qué ha llevado a este término físico, tan utilizado en ingeniería y después en psicología, a formar parte del lenguaje cotidiano?
En mi opinión, el auge del concepto de resiliencia está ligado a los cambios sociales, globales y económicos de la última década, debidos principalmente a la crisis económica de 2008. Cuando un impacto inesperado, como ese, fuerza las costuras de todos los sistemas sociales y económicos, se vuelve rápidamente la vista hacia lo que se debería haber hecho -y no se hizo- para resistir mejor los golpes inesperados. Eso es resiliencia. Como esos golpes son cada vez más frecuentes e intensos (como el ejemplo actual del Coronavirus), la resiliencia ha cobrado protagonismo.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?
Quizá la mejor respuesta a esa pregunta sería analizar la definición del propio concepto. Para mí, resiliencia es “la capacidad de hacer frente a la adversidad y superarla, siendo positivamente transformado por ella”. A diferencia de la ‘resistencia’, que consiste en sobrellevar la adversidad con esfuerzo, cargando con ella y seguir adelante, la ‘resiliencia’ implica la capacidad de reinterpretar la adversidad, encontrando la forma de aprender y extraer algo positivo de ella. Seguir adelante llevando con nosotros sólo la lección, no la carga. La resistencia tiene límites que dependen del número de desafíos con los que cargamos; la resiliencia no sólo no tiene límites, sino que nos ayuda a ir cada vez más ligeros.

¿Es un rasgo de la personalidad de cada individuo o se puede trabajar?
Como en todas las demás facetas de nuestra vida, existen dos factores que la condicionan: la genética y la educación. La resiliencia está muy ligada a la capacidad de reinterpretar la realidad para convertirla en otra cosa. Eso requiere principalmente inteligencia, tanto personal (para comprender nuestros propios procesos) como general (para buscar y elaborar alternativas que nos permitan afrontar el desafío). Hay personas que son capaces de hacerlo de forma intuitiva, pero la mayoría de nosotros tenemos que aprenderlo. De hecho, mi trabajo se centra en investigar cómo hacerlo y enseñarlo de forma sencilla y sistematizada, así que sí, por suerte se puede trabajar. Para desarrollarla es necesario comprender cómo funciona nuestra mente y los factores claves que permiten cambiar su dinámica.

¿Podemos controlar las emociones? ¿Necesitamos hacerlo para desarrollar la resiliencia?
Las emociones no se pueden controlar; se pueden gestionar, entendiendo cuál es su función y cómo podemos utilizarlas a nuestro favor. Dicho esto, la respuesta es sí, para ser más resilientes necesitamos ineludiblemente aprender a gestionar nuestras emociones, dado que ellas son las que colorean la forma en que interpretamos y reaccionamos ante los desafíos.


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La misión del entorno social, al igual que el de la educación, no es librarnos de los desafíos, sino convertirlos en algo asequible y dentro de las capacidades de cada individuo

En momentos de crisis como la que vivimos, con la pandemia declarada del COVID-19, ¿Qué medios aporta la condición resiliente para superarla?
Ante una crisis como esta, las personas resilientes están buscando la oportunidad, ya sea de pasar más tiempo con su familia o de iniciar una nueva actividad profesional tras el parón. Tienen una visión, un sentido vital de largo plazo, y las crisis como esta son sólo las curvas temporales de un camino inesperado y sorprendente que tienen que ir descubriendo.

¿Es diferente afrontar la adversidad cuando nos acecha de forma individual a hacerlo colectivamente o desde toda la humanidad, como en la actualidad?
La respuesta es sí y no, y me explico con un ejemplo. Afrontar esta crisis es como subir una montaña, podemos subir en grupo, pero hemos de subir, en cualquier caso. Las sociedades con mayores redes de apoyo social hacen más llevadero el camino, pero, por muy solidarias que sean, no nos eximen de recorrerlo. La misión del entorno social, al igual que el de la educación, no es librarnos de los desafíos, sino convertir los desafíos en asequibles y acordes a las capacidades de cada individuo.

¿Qué importancia tiene el sentimiento de pertenencia a un grupo (comunidad, empresa, equipo) para luchar contra este tipo de circunstancias?
Lo mejor y lo peor de nosotros, nuestras capacidades y limitaciones, están dentro de nosotros, pero no podemos acceder a ellas por nosotros mismos. Necesitamos los desafíos externos, del grupo, de la sociedad, del entorno para poder descubrirlas, al igual que necesitamos de ese mismo entorno para convertir los desafíos en algo asequible y poder abordarlos. Como dice el dicho, nadie es una isla.



Aquellas organizaciones que tienen líderes con una visión bien definida y que son flexibles en sus estructuras y procesos, saldrán de esta crisis “positivamente transformadas”
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¿Y las nuevas tecnologías? ¿Cómo están ayudando a sobrellevar esta situación?
Principalmente ofreciendo comunicación bidireccional. Nos permiten mantener, e incluso reforzar, el tejido social, estrechando lazos que antes dábamos por supuestos y quizá descuidábamos, y que ahora se han convertido en actividades principales, como hablar con la familia y los amigos. Ese refuerzo social podría ser uno de los mejores efectos colaterales de esta crisis.

¿Son también las empresas resilientes? ¿Qué caracteriza a una organización resiliente?
Por supuesto. Las organizaciones de todo tipo pueden ser más o menos resilientes en función de sus características. Aquellas que tienen líderes con una visión bien definida y que son flexibles en sus estructuras y procesos saldrán de esta crisis “positivamente transformadas”, que no reforzadas.

¿Podría destacar alguna enseñanza de esta situación que podamos extrapolar a nuestro entorno laboral?
Infinitas. Desde cómo debemos rediseñar las estructuras empresariales hasta por qué las personas de nuestra empresa deberían ser el fin, y no sólo el medio. Nos enseña a planificar en tiempos de calma y no en plena tormenta. Nos hace reflexionar sobre los procesos de externalización y deslocalización masivos. Nos empuja hacia la digitalización. Nos conciencia de la importancia de la inversión en investigación e innovación, etc.


CÓMO POTENCIAR LA RESILIENCIA CORPORATIVA

Aunque se tome inicialmente como una característica individual, la resiliencia es perfectamente extrapolable a cualquier colectivo. Lo estamos viviendo estos días, en los que la gravedad de una pandemia ha llevado a las empresas a adaptar sus rutinas para proteger la salud de sus trabajadores. La recomendación, primero, e imposición, después, de mantener un confinamiento restrictivo ha obligado a las plantillas a operar desde sus hogares. Sin embargo, esta circunstancia excepcional y fortuita ha tenido ya algunas consecuencias positivas y notorias en el grueso del tejido empresarial.

En este sentido, Mario Garcés afirma que "el factor principal es mantener el foco bien centrado en el largo plazo, es decir, en el caso de una organización, en la misión y la visión. Esto nos permitirá mantener el rumbo mientras todo gire y volver a encontrar el equilibrio óptimo entre los factores clave, una vez pasada la tormenta.”

Uno de los desafíos que se afrontan a la hora de adoptar una estrategia resiliente consiste, de hecho, en “saber renunciar a lo superfluo para conservar lo esencial”. De esta forma, “cuando nos golpean la incertidumbre y los cambios rápidos”, conseguimos mantener un equilibrio que nos ayudará a volver a la senda original. Así, Garcés tiene claro cuál es el principal error que nos puede hacer naufragar: el miedo a equivocarse. “No tomar decisiones por miedo a equivocarnos. Ese es el mayor riesgo", concluye.

"En el contexto de la resiliencia, los errores son la mayor fuente de información y contamos con ellos de antemano. Hay que aprender a minimizar el impacto de los errores, y a asumir que es imposible no cometerlos” Mario Garcés, CEO en The MindKind.